Perspectivas profundas

Las supermodelos y la ética de la IA en la publicidad de moda

La moda siempre ha sido algo más que ropa. Se trata de rostros, cuerpos, trabajo y deseo. Ahora, cuando la inteligencia artificial comienza a generar modelos que nunca han vivido, nunca han envejecido y nunca se han quejado, la industria se enfrenta a una pregunta incómoda. ¿Qué les sucede a las mujeres cuando la imagen sustituye al ser humano?

Un rostro perfecto sin pasado
A principios de esta década, una importante marca de moda lanzó una brillante campaña publicitaria protagonizada por una joven llamativa. Su piel era impecable, su postura segura, su mirada magnética. Parecía el futuro de la moda. Solo faltaba un detalle. Ella no existía: no había casting, ni fotógrafo, ni equipo de peluquería y maquillaje, ni modelo. Para los ejecutivos de marketing, esto era innovación.

Para muchas mujeres que trabajan en el mundo de la moda, se sentía como algo más cercano a la desaparición. Naomi Campbell una vez comentó: “He trabajado demasiado duro como para que me vean reemplazado por una ilusión.”En ese momento no se refería a la inteligencia artificial, pero sus palabras resuenan ahora en un sector que experimenta discretamente con modelos creados por IA y campañas publicitarias totalmente sintéticas. Ya no se trata de una tendencia marginal. Desde la moda rápida hasta las casas de lujo, las marcas están explorando rostros digitales que prometen eficiencia, control y perfección infinita. El coste ético de esa promesa apenas empieza a hacerse visible.

De supermodelos a iconos sintéticos
Las imágenes de moda siempre han estado determinadas por la tecnología. La fotografía cambió la ilustración. El retoque digital transformó los estándares de belleza. Las redes sociales convirtieron a las modelos en marcas. Sin embargo, la inteligencia artificial va más allá. Elimina por completo al sujeto humano. Levi's fue noticia cuando anunció sus planes de probar modelos generados por IA para aumentar la diversidad en su marketing. La intención se presentó como progresista. La reacción fue escéptica. Modelos y activistas preguntaron por qué se daba prioridad a la diversidad simulada en lugar de contratar a personas reales de comunidades infrarrepresentadas. Jameela Jamil, una crítica abierta de los estándares de belleza perjudiciales, resumió el malestar cuando dijo: “Las mujeres ya compiten con los filtros. Ahora competimos con algo que nunca ha tenido un cuerpo ni un mal día”. Los modelos de IA no envejecen. No engordan. No se quedan embarazadas ni sufren lesiones. No negocian contratos ni piden condiciones de trabajo más seguras. En un sector que lleva mucho tiempo dependiendo de la mano de obra femenina joven, ese silencio resulta comercialmente atractivo y éticamente preocupante.

El trabajo invisible detrás de la imagen
Las modelos de moda generadas por IA no se crean de la nada. Se entrenan con enormes conjuntos de datos compuestos por imágenes reales. Esas imágenes muestran en su gran mayoría a mujeres. Muchas pertenecen a modelos profesionales cuyo trabajo ahora alimenta sistemas que algún día podrían sustituirlas. Esto plantea una cuestión básica de justicia. Si se crea una modelo artificial utilizando los rostros y los cuerpos de mujeres reales, ¿dónde termina la autoría y dónde comienza la apropiación? El filósofo John Rawls argumentó que un sistema justo distribuye los beneficios y las cargas de manera equitativa. En la economía actual de la IA, los beneficios fluyen hacia las marcas y las empresas tecnológicas. Las cargas las soportan los modelos, cuya imagen, estilo y rasgos físicos se convierten en materia prima. Karen Elson una vez dijo: “Nuestros cuerpos son nuestro oficio.”Cuando esa habilidad se absorbe en un algoritmo sin consentimiento ni pago, deja de ser inspiración y empieza a parecer extracción.

Estándares de belleza, automatizados
La moda nunca ha sido neutral en lo que respecta a la belleza. La inteligencia artificial no elimina los prejuicios del sistema, sino que los automatiza. La mayoría de los modelos generados por IA comparten un aspecto familiar: juvenil, delgado, simétrico. A menudo son racialmente ambiguos, pero se mantienen dentro de los ideales convencionales. Estos resultados no son accidentales, sino que reflejan los datos utilizados y las personas que toman las decisiones sobre lo que se vende. Adwoa Aboah, modelo y fundadora de Gurls Talk, ha hablado en repetidas ocasiones sobre la presión de la perfección. “La representación no consiste en ser perfecto.,”, ha dicho. “Se trata de que se te permita existir tal y como eres.”. Un modelo de IA siempre es perfecto. Esa perfección corre el riesgo de convertirse en la nueva norma. Cuando la perfección se fabrica a gran escala, los cuerpos reales inevitablemente parecen errores en comparación.

Inclusión o ilusión
Los defensores de las imágenes de moda generadas por IA suelen argumentar que pueden ser una fuerza para la inclusión. Los algoritmos pueden crear modelos con diferentes formas corporales, tonos de piel y capacidades sin las limitaciones de los castings tradicionales. Los críticos responden que la inclusión simulada no es lo mismo que el cambio social. Hannah Arendt advirtió contra los sistemas que crean una apariencia de progreso mientras evitan la responsabilidad. Una modelo artificial de talla grande no sufre discriminación. Una modelo artificial negra no se enfrenta al racismo. No necesitan protección porque no se les puede hacer daño. Paloma Elsesser ha sido claro en esta distinción. “La visibilidad sin oportunidades no es empoderamiento.,”, ha dicho. Si las marcas sustituyen a las mujeres reales por otras sintéticas, la diversidad se convierte en un efecto visual en lugar de una realidad económica.

El coste de la eficiencia
Desde una perspectiva empresarial, el atractivo de los modelos de IA es evidente. Reducen los costes. Aceleran la producción. Eliminan la imprevisibilidad. Sin embargo, la moda también es una importante fuente de empleo para las mujeres, especialmente para las jóvenes y las procedentes de entornos marginados. El mundo del modelaje ha proporcionado a menudo acceso a ingresos, viajes e influencia a personas excluidas de otros sectores.
Sustituir los modelos humanos por modelos artificiales no es simplemente una decisión creativa. Es una decisión laboral. Karl Marx advirtió que cuando el trabajo se vuelve abstracto, el trabajador se vuelve invisible. En la publicidad de moda, el trabajador puede desaparecer por completo, sustituido por una imagen que parece humana pero que no tiene derechos.

Lo que realmente dicen las mujeres del mundo de la moda
Es importante señalar que la mayoría de los modelos no rechazan la tecnología de plano. Muchos piden normas, transparencia y consentimiento.
Arizona Muse, ahora activista medioambiental, ha defendido que la innovación debe seguir siendo responsable. “La moda puede impulsar el cambio.,”Ella ha dicho: “pero sin olvidar a las personas que lo construyeron”Algunos modelos están explorando los gemelos digitales, versiones virtuales con licencia de sí mismos creadas con consentimiento y contratos. Este enfoque permite a las mujeres mantener el control sobre su imagen mientras participan en las nuevas tecnologías. Esto refleja el principio ético articulado por Kant, quien insistía en que las personas nunca deben ser tratadas meramente como un medio. Una réplica digital consensuada es colaboración. Un cuerpo sintético entrenado con imágenes recopiladas es mercantilización.

El impacto psicológico en el público
El debate ético no se limita al ámbito laboral. Se extiende a las personas que consumen imágenes de moda. Durante décadas, se ha inculcado a las mujeres que la belleza es algo que hay que perseguir. Las modelos generadas por IA elevan el listón al presentar cuerpos que son, literalmente, inalcanzables.
Cindy Crawford dijo la famosa frase: “Ni siquiera yo me parezco a Cindy Crawford.”En una era de modelos artificiales, nadie lo hará jamás. Para las jóvenes que se desplazan por las campañas y las redes sociales, la línea entre lo real y lo artificial suele ser invisible. La comparación es inevitable e imposible de ganar. Jean Baudrillard escribió sobre un mundo en el que las representaciones sustituyen a la realidad. La publicidad de moda podría estar entrando ahora en esa fase, en la que la imagen ya no refleja al ser humano, sino que lo sustituye.

La transparencia como mínimo ético
Si la inteligencia artificial va a seguir formando parte de la publicidad de moda, las normas éticas deben evolucionar rápidamente. Muchos observadores del sector abogan por unos principios básicos. Se debe informar al público cuando una imagen ha sido creada por IA. El consentimiento debe ser obligatorio cuando la imagen de personas reales se utiliza para crear modelos artificiales. Se debe dar prioridad al trabajo humano, en lugar de sustituirlo silenciosamente. El valor económico debe compartirse con las personas cuyo trabajo entrena estos sistemas. La ética, como filósofo Paul Ricoeur escribió, trata sobre vivir bien con y para los demás dentro de instituciones justas. La moda no se juzgará por lo realistas que parezcan sus modelos artificiales, sino por lo responsables que sean su uso.

¿Quiénes serán los protagonistas del futuro de la moda?
La moda siempre ha moldeado las ideas sobre el valor, el atractivo y la pertenencia. La inteligencia artificial ahora desempeña un papel a la hora de decidir qué cuerpos son visibles y cuáles son opcionales. La cuestión no es si los modelos de IA son impresionantes. Lo son. La cuestión es si una industria basada en la creatividad, la presencia y el trabajo de las mujeres puede justificar su sustitución por simulaciones perfeccionadas. Naomi Campbell dijo una vez: “La diversidad no es un momento. Es un movimiento”. Un movimiento, fundamentalmente, requiere personas. A medida que la moda avanza hacia la era de las imágenes artificiales, se enfrenta a una elección. La inteligencia artificial puede amplificar las voces de las mujeres, proteger sus derechos y ampliar su representación. O puede borrarles silenciosamente detrás de rostros impecables que nunca hablan. El futuro de la publicidad de moda no vendrá definido solo por la tecnología, sino por la humanidad que decida preservar.